Arquitectura

Un monasterio del siglo XVIII se convirtió en una casa familiar y espontánea

Este monasterio construido en el siglo XVIII en Cape Winelands, Sudáfrica, se transformó en el estudio de un artista en la década del 70 y, hace pocos años, fue convertido en un lugar de retiro para una familia joven; una casa espontánea y diferente.

Hace unos seis años, Abigail Rands estaba explorando un “proyecto potencial de arte” en la pequeña ciudad de Tulbagh, en la provincia del Cabo Occidental, en Sudáfrica, cuando se topó con un edificio notable. Su familia es propietaria de un campo vinícola cercano, por lo que sentía una fuerte conexión con la zona. Además, cuenta, “me gusta la bella arquitectura, las materias primas y el buen arte”. Y esta casa tenía los tres a montones. Era uno de los edificios más antiguos de la ciudad, el primer monasterio y escuela misionera, establecido en 1797

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Sus distintivos frontones, paredes gruesas, vigas de madera y techo de paja eran la encarnación misma de la arquitectura tradicional de los viñedos del Cabo. “Las paredes respiran y los edificios se mantienen cálidos en invierno y frescos en verano. Me encantan los techos viejos y pisos de madera amarilla y los marcos de las puertas. Me gusta cómo suenan, huelen y enmarcan las diferentes habitaciones”, cuenta Abigail. 

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Sin embargo, la casa no siempre fue un monasterio. El artista Christo Coetzee vivió allí desde la década del 70 hasta su muerte, a principios de siglo. Durante un tiempo, la casa fue un museo dedicado a su vida y obra. “Un amigo de Christo nos llevó y nos contó historias sobre cada obra de arte”, cuenta. “Todo lo que tomé ese día se quedó conmigo”. 

Era cuestión de tiempo para que Abigail regresara. Esta vez, con una idea: quería convertir la casa en una especie de espacio de retiro, un lugar donde, como ella dice, «puedes dejarte llevar» y «conectarte con cómo te sientes realmente». 

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Por supuesto, la herencia del edificio establecía algunos parámetros estrictos. Afortunadamente, el vecino de Abigail resultó ser un consultor de patrimonio, por lo que trabajaron en estrecha colaboración para preservar y restaurar las características de la construcción. El enfoque de Coetzee sentó un precedente para el resto. “Sentimos la necesidad de comenzar de nuevo desde el principio de la misma manera que Christo creó el infinito en su trabajo”. La habilidad del «buen diseño [para] trascender en el tiempo» que era fundamental para su enfoque. 

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En lugar de contratar a un arquitecto, hicieron el proyecto con un constructor local y artesanos del valle. Y para los interiores, trabajaron con Thefourth, una oficina creada por la pareja de Maybe Corpaci y Rodan Kane Hart, quien es mejor conocido como escultor. Abigail se sintió particularmente atraída por su sensibilidad hacia la calidad del espacio en la arquitectura y su atención al detalle, especialmente al elegir muebles y arte. Para la dueña de casa, esta dupla es mucho más que diseñadores de interiores, “son artistas que utilizan el espacio como medio para acentuar la belleza innata de las cosas”, dice. “Comparten un afecto por las cosas raras y sin pretensiones. Saben cómo hacer que un espacio se sienta bien”. 

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En vez de usar muebles y objetos nuevos, la idea del proyecto fue usar piezas encontradas o reutilizadas, logrando una selección completamente ecléctica: algunas son joyas modernistas y otras son “antiguos objetos humildes”. Thefourth (@__thefourth__) también creó dos fabulosas piezas a medida: una cama con dosel y una cadena de ducha circular de latón. Rodan hizo la cama con detalles de media luna en cada poste, una idea que surgió cuando Abigail decidió llamar a la residencia Dar el Qamar, Monasterio de la Luna en árabe.

Finalmente, la sensibilidad de Maybe al color y la textura ayudó a unirlo todo. La impresión dominante, sin embargo, es que nada está premeditado o sobredeterminado. Maybe y Rodan aportaron un espíritu de “humor, ligereza y equilibrio”, como cuenta Abigail. “Simplemente se siente bien”, y así lo han sentido quienes la visitan: la casa se arrienda a través de la plataforma Airbnb y los comentarios son siempre los mejores. 

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En Instagram, @darelqamar

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