Después de toda una vida veraneando en Cachagua, haciendo amigos y juntando recuerdos, la decoradora Beatriz Cummins y su familia decidieron hacer historia en su propia casa, un lugar que los reúne en torno a la buena mesa, la playa y el reconocido buen gusto de sus dueños.

Proyectado por el arquitecto Cano Valdés, este condominio vecino a las canchas de polo de Cachagua fue el escogido por Beatriz Cummins y su familia para clavar su bandera hace unos años atrás. La cercanía a la playa, su buena distribución y lindas terminaciones los conquistaron, aunque igualmente hicieron algunas modificaciones, pensadas para ganar más espacios para la familia y los amigos.

Este es el lugar donde esta decoradora, su marido y sus cuatro hijos hombres tienen la oportunidad de reunirse. De hecho, los fines de semana largos es el panorama obligado, y durante el verano, la casa está abierta los dos meses de vacaciones para recibirlos a todos. Pensando justamente en eso, la Chiqui, como todos la conocen, la proyectó para ser usada y disfrutada, con muchos rincones de encuentro, en el interior y el exterior. “Agrandamos la zona de la terraza para poder ampliar el sector del estar exterior. A los niños les hicimos un sector especialmente pensado para ellos, con parrilla y todo, donde pueden reunirse con sus amigos de forma independiente y sin molestar a nadie”, dice.

La decoración de la casa va muy en la línea del trabajo de esta decoradora, quien, asociada con Mónica Cazés, suma más de 20 años de oficio. Aquí su propósito era reflejar un lugar de relajo, pero sin caer en lo temático, un recurso que admite no le gusta para nada. “Aquí no vas a encontrar cojines con conchitas, adornos de corales ni cuadros con pescados. Creo que es mucho más interesante y de peso, lograr un ambiente de descanso apelando a los colores, las texturas y las formas”, comenta.

Sin duda el diseño original de la casa ayuda. El enchape de madera negro de las paredes y el porcelanato del piso suman carácter y originalidad a una casa que se aleja del típico blanco escogido en general en la playa. La Chiqui nos cuenta que durante todo un año estuvo juntando los elementos para decorarla, desde los adornos hasta la ropa de cama, pasando por cuadros, vajillas y muebles, los que poco a poco fue escogiendo huincha y plano en mano. “Reconozco que la experiencia me ayudó mucho y nos permitió armarla en cuanto la entregaron”.

Amantes del arte, aquí los cuadros se roban la película, sobre todo por el contraste con los muros negros. Obras de chilenos como Ximena Mandiola, Francisco Morán y Marcial Ossio iluminan los espacios, los que están armónicamente pensados. Por ejemplo, los dueños de casa prefirieron no poner alfombras y no sólo por un tema práctico y de limpieza, sino que además, para equilibrar la información: poco abajo, mucho arriba. Lindas lámparas, adornos, sillas y muebles, le dan el balance perfecto que buscaban.

El jardín es obra de Carmen Reinschmidt, quien por encargo de la Chiqui escogió especies que se adaptaran bien al lugar y que tuvieran follaje bajo. “Como están las canchas de polo al fondo, quería poder proyectar la vista hasta allá, lo que le da mucha amplitud al jardín”, cuenta la dueña de casa. Aquí además es donde pasan la mayor parte del tiempo. Beatriz proyectó una terraza tipo espejo, que se replica exactamente igual en dos espacios contiguos para poder formar dos ambientes. Sobre un patio de piedras, puso la mesa de comedor, donde a diario almuerzan las delicias que ella personalmente prepara antes de bajar a la playa. “Todas las mañanas cocino algo rico, porque creo que es una gran terapia y la mejor forma de demostrar cariño”, concluye.