Esta es la primera vez que el arquitecto publica la casa H, un proyecto que terminó en septiembre del año pasado en Zapallar. Una estructura que guía los espacios (y no al revés), una piscina volada en siete metros y un diseño que no sufrió ninguna modificación desde su inicio, hacen de esta casa una de sus obras favoritas.

¿Cuál fue el encargo que recibiste?

–Una casa– se ríe el arquitecto Felipe Assadi y agrega: –O sea, me pidieron equis número de piezas y baños, ese tipo de cosas.

Así, con total libertad, el decano de Arquitectura y Diseño de la Universidad Finis Terrae –y uno de los nombres más power de la arquitectura chilena– proyectó junto a Trinidad Schönthaler y Macarena Ávila esta casa en Zapallar Norte.

Nunca antes publicada, la bautizó como Casa H por la forma que resulta del corte de su estructura. Con 41 metros de largo (es la segunda más larga que ha diseñado) y 440 metros cuadrados, más que una casa de playa hizo un lugar para que sus dueños, algún día, se trasladen a vivir.

El loteo, por arriba de la carretera, un poco más al sur del cementerio de Zapallar, se caracteriza por su vista imponente. El arquitecto se aprovechó de esto para hacer una casa larga y horizontal suspendida apenas de dos vigas que se apoyan en sólo dos muros, entre ellos aparece el nivel que hacia la calle es un subterráneo y hacia el lado del mar es el primer piso de la casa. En este espacio, los arquitectos ubicaron lo que Felipe llama “todo lo demás”: las piezas de los hijos, las de invitados y la salita de estar. En el segundo nivel, están las áreas comunes y el dormitorio principal. Lo que más destaca el arquitecto es que el living, comedor y cocina tienen un largo suficiente para que cada uno de los lugares se distingan como únicos. Para ayudar a esto, se diseñó una chimenea abierta hacia ambos lados que separa el living del comedor.

Como materiales principales, usaron el hormigón y vidrio. También trabajaron con madera –haya blanca– para el mueble que cruza toda la casa desde el acceso hasta afuera del dormitorio principal. Y para el jardín, llamaron a la paisajista Bernardita del Corral. Con ella generaron una gran cantidad de terrazas sin llenar de plantas. En un punto, el jardín se mete dentro de la construcción conformando un patio intermedio de durmientes. “El presupuesto en durmientes fue casi el mismo que el de la casa”, se ríe el arquitecto.

Pero es la estructura en sí lo que más le fascina al arquitecto y también parte del desafío más grande del proyecto: “Es una casa que reúne las características de lo que la oficina está haciendo en este momento, que es trabajar en base a una estructura habitable más que a una habitación estructurada”.

¿Cómo es eso?

“Es una manera de proyectar. La belleza o no de la casa depende de la importancia que tenga la estructura y cómo se vea, cómo se exprese en el espacio”.

Y es que los arquitectos crearon todo un sistema que además se apoya en un elemento fundamental: la piscina. Volada en siete metros hacia adelante –y nacida de los muros que generan la rampa de acceso de la casa– con agua adentro, hace la fuerza necesaria para soportar la gran estructura. Acá entra en juego el equilibrio, y por qué no decirlo, también el dramatismo. Hay tensión, entre el interior y el exterior, entre el mar a lo lejos y el agua en la construcción misma.

“Esta casa es de las que más me gusta porque desde que la diseñamos no se le hicieron más cambios. Está perfecta como se diseñó y funciona”, explica Assadi. Y claro, también ayuda el impresionante escenario con el que contó para trabajar. En el lugar de la Casa H, cuenta, se genera un efecto que no se produce más abajo, en la rompiente. Desde donde está ubicada la construcción hay un dominio completo del horizonte. “Es bien fuerte”, remata.