Lección de historia

En plenos Alpes franceses, este chalet del siglo XVIII mezcla lo rústico con lo contemporáneo, generando un ambiente cálido para recibir a sus dueños y sus muchísimos invitados.

En Megève reina una atmósfera muy particular. Si bien tiene renombre internacional por haber sido desde su creación residencia de la nobleza europea en los meses invernales, ha logrado conservar un ambiente íntimo y acogedor.

Lo mismo ocurre con este chalet, que ya de lejos impacta por su arquitectura y su construcción, realizada con maderas de alerce y pino, además de piedra de la región. Está ubicado en una zona soleada y tranquila, a sólo tres minutos del centro de Megève y es uno de los refugios más antiguos del valle de esta comuna de Savoie. Pese a su tamaño y al peso de su historia, todo en él es calidez.

Su origen se remonta al siglo XVIII y expresa un perfecto estilo tradicional de chalet de los Alpes. Se necesitaron varios meses para reconstruirlo, ya que se desmontó de su ubicación original para establecerse en el sitio privilegiado en el que se encuentra actualmente. Esta es una práctica que se realiza con viviendas de excepción.

El plano inicial fue completamente rediseñado y adaptado a las necesidades de sus ocupantes, una pareja con hijos y muchos invitados. Los nuevos dueños dieron prioridad a la madera en las paredes, techos y pisos, liberándose de los ingredientes típicos y habituales de este tipo de casas: cortinas de puntillas, telas de cuadros, bordados de punto cruz o pasamanerías. En cambio optaron por una búsqueda cromática muy elaborada y un estilo elegante y simple que se puede ver en todos los ambientes, distribuidos en tres pisos.

Los dueños, que pasan gran parte del año viajando por el mundo, disfrutan de esta casa de montaña tanto en invierno para practicar esquí, como en verano para realizar grandes caminatas o jugar golf. Saben lo afortunados que son, y por eso están convidando a amigos permanentemente, para que también disfruten del maravilloso entorno.

Es que el paisaje conmueve y con razón la familia Rothschild apostó por Megève, allá en 1910, como centro de esquí que le hiciera el peso a la localidad suiza de Saint Moritz. Aburridos de este último, quisieron un lugar que llevase el símbolo del arte de vivir a la francesa. Rápidamente adquirió fama y se transformó en uno de los lugares más codiciados por la aristocracia europea. Incluso Audrey Hepburn aparece ahí al inicio de la famosa película Charada. A lo largo de los años, Mégève ha conservado su autenticidad. Las calles peatonales adoquinadas del centro, las iglesias y el estilo medieval de sus construcciones le dan a este pueblo de montaña un sello donde la tradición se mantiene de acuerdo a los tiempos.