Ese genial pintor, escultor, arquitecto y diseñador de emociones que fue César Manrique imaginó antes de morir que nada más aparecer publicado el palacio de la princesa Ico en su libro Lanzarote, arquitectura inédita, miles de artistas de todos los continentes se lo estarían rifando. La primera que lo atravesó con su flecha de amor fue Heidi Bucher, una pintora suiza amante de la buena arquitectura, que lo adquirió como sede permanente de su obra, que también ha estado en el MoMA, el Pompidou y la Bienal veneciana. Años después, este palacio originario de 1690 en la localidad de Teguise, en España, se convirtió por el afán conservacionista del abogado Eduardo Riestra y su esposa Sonsoles López en un hotel con encanto. En sólo dos plantas, se resume con nueve habitaciones ambientadas con la austeridad del siglo XVII que comparte música (sí, aquellos discos de vinilo que sonaban en los 60 y 70) con la frescura tecnológica. La suite nupcial se distingue de las demás por sus dos espacios diferenciados con suelos originales de madera del siglo XVIII y balcones privados, uno al interior y otro a la calle.

Palacio Ico

El Rayo, 2. Villa de Teguise, Lanzarote.

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