Para los dueños de esta casa, el atractivo de Zapallar no esta precisamente en la playa. Prefieren disfrutar la arena y el mar desde lo alto, en su terraza. Desde ahí también gozan del olor y el color de la vegetación del Parque El Boldo, donde están ubicados.

 

Lo primero que uno hace al entrar en esta casa es quedarse pegado con la vista. Es como si se pasara, desde la puerta, directamente a un balcón que mira todo el balneario de Zapallar. La panorámica es el mejor recibimiento que pueden dar sus dueños. No importa si el día está bueno o malo, la vista se disfruta tanto desde dentro como de afuera.

Rodeada de árboles nativos, inserta en el Parque El Boldo, en la ladera de un cerro desde donde se puede ver toda la bahía; el lugar fue la principal inspiración del arquitecto Juan Eduardo Salinas. A simple vista, un terreno lleno de atractivos, pero técnicamente no fácil de habitar.

Para Salinas se trataba del encargo de mayor magnitud que había recibido en ese momento, “en donde las complejidades máximas fueron el terreno y la orientación”, cuenta. Tenían que construir una casa para un matrimonio de edad en un cerro con una pendiente súper abrupta. Para evitar los niveles y favorecer la comodidad de los dueños, hicieron un corte importante en el terreno y diseñaron una casa de dos pisos.

En auto se llega directamente al segundo plano, donde está la pieza principal, el living, el comedor, la terraza y la cocina. Todo lo que sus dueños necesitan usar cada vez que van, sin tener que subir escaleras. Abajo están las piezas y los espacios pensados para sus hijos y nietos. “Diferentes momentos se pueden ir recreando en la arquitectura de la casa, sin interferir unos con otros”, cuenta Juan Eduardo, explicando esta idea de crear ambientes separados.

Otro gran desafío en la planificación era la orientación 100% sur. “Fue tan difícil poder traer la luz al interior de la casa, que el tema de la iluminación se transformó en un input que nos obligaba a abrir el techo en varias zonas”, dice el arquitecto. Este problema lo tuvieron principalmente en el sector de servicio, que quedó bajo tierra. “Esta zona intenta mimetizarse con el terreno, tiene un techo vegetal y una serie de lucarnas aleatorias en cada espacio, lo que le da la posibilidad de iluminarse”, cuenta.

Si bien los dueños le dieron bastante libertad en cuanto al diseño de la casa, le pidieron calidez en los materiales. Uno de los desafíos que tuvieron fue trabajar con los mismos elementos del exterior en el interior. “Nos parecía importante que hubiera un continuo entre lo que pasaba fuera y dentro de la casa”, cuenta Salinas. Además, buscaron emparentar los materiales, tratando de mimetizar los colores y las texturas; como si el hormigón, la piedra, el mármol y la madera fueran de una misma familia.

La misma inspiración siguió la decoradora María José Noguera, de Estudio Noguera. Para Juan Eduardo, “ella se quiso acoplar 100% a la arquitectura”. Los muebles, los adornos y los tapices no le quitan protagonismo a los muros de piedra ni a las vigas que se asoman en el techo. Al contrario, supo cómo hacerlos combinar de una manera armoniosa, siguiendo los mismos patrones en cuanto a colores y materiales.

Si quisiéramos describir en pocas palabras esta casa, diríamos que es un gran mirador inserto en un parque nativo. Un entorno que tiene fascinados a sus dueños, quienes aprovechan de escaparse cada vez que pueden. Ahí se internan para disfrutar de la vista y de las caminatas por El Boldo; un panorama del que se han vuelto fanáticos.