Para soñar

Ubicada en los cerros de Zapallar, esta casa, proyectada y decorada por Paula Gutiérrez, tiene el sabor del campo chileno con un toque inspirado en las islas griegas. Una fusión de estilos y sensaciones que la hace única.

Zapallar tiene carácter. Así como Valparaíso, San Pedro de Atacama o Chiloé, este balneario tiene una personalidad fuerte que la arquitecta Paula Gutiérrez quiso respetar y destacar. Para ello, al concebir este proyecto fue mucho más allá que la arena y el mar y se inspiró en sus viajes, en el campo, en los cerros, en la vegetación y en la tradición propia de esta zona. Y lo explica así: “El padre de esta casa es una casona de campo chilena y la mamá, una casa de Symi, isla griega colonizada por italianos. El resultado: un lugar con chispa, relajante, sencillo, de líneas puras y con mucho, pero mucho carácter, igual que su entorno”.

Y es cierto. Esta no es la típica edificación mediterránea, de líneas contemporáneas y enormes ventanales enfrentando el mar. Aquí las vistas están enmarcadas estratégicamente para resaltar lo mejor del paisaje y al mismo tiempo, evitar que los días grises (que resultan bastante frecuentes en la zona) arrasen entristeciendo el interior. El techo esta revestido de larguísimos coligues unidos por artesanos de la zona que trabajaron varios meses para lograr un resultado perfecto. El piso, incluyendo baños y terrazas, es de mármol travertino rústico, el que fue colocado como si fuera parquet de piedra y las puertas son de encina de coligües que se mimetizan con éste. Para la puerta de acceso, escogieron un vigoroso verde marroquí. Según Paula, la idea siempre fue crear más que una casa, un sueño donde desconectarse, por lo que debía ser práctica, con esa elegancia sencilla y llena de humor del Zapallar de siempre.

Siguiendo la pendiente del terreno, la casa está dividida en tres pisos. En el primero están el gran living y comedor, la cocina separada del resto de los servicios, el dormitorio principal y las terrazas con vistas privilegiadas al mar y los cerros. Todo abierto, amplio y con una gran altura, lo que resulta muy refrescante. Más abajo, están los dormitorios y una salita. La gracia de esto –como explica la arquitecta– radica en que se puede ir abriendo por partes, a medida que se va llenando se ocupan los pisos inferiores. “Nada produce menos ambiente que pasearse por espacios enormes y sin vida. Esta casa se vive de acuerdo a las necesidades”.

La decoración es de historias y recuerdos. Entre herencias y viajes de esta familia había donde recurrir para darle carácter. Los muebles nuevos se adaptaron a las piezas existentes, como el sofá diseñado por Mario Matta todavía con el tapiz original. Otros se mandaron a hacer especialmente o se importaron, como la cama de pergamino teñido del diseñador argentino Eugenio Aguirre. Los dormitorios son casi minimalistas con colores vibrantes. “Todo habla de autenticidad, de una casa de verdad y por sobre todo, de un estilo de vida”, asegura Paula.

28En base a una inspiración inicial de Taibi Addi, el jardín fue plantado y completado, podado y replantado por la dueña de casa y la autodenominada “jardinera” Eliane Llhorente, gran conocedora de la flora del lugar. Como ellas cuentan, la idea era acompañar la casa con higueras, olivos y árboles nativos. Un jardín mediterráneo con plantas chilenas que se adaptaran a la zona. Escogieron sólo diez especies que se repitieron en macizos e integraron con las quebradas nativas. Cerca de las terrazas, camellones de lavandas y heliotropos, que agradecidos, florecen todo el año, atraen a los picaflores gigantes. “Estos pájaros nos acompañan durante los largos almuerzos de verano, en las tardes llenas de risas, y son testigo de las muchísimas anécdotas y de los miles y miles de recuerdos que quedarán en la historia de esta familia”, comenta su dueña.