Refugio en el desierto

Cerca de la aldea de Tulor y a veinte minutos de San Pedro de Atacama, esta casa decorada por Carolina Delpiano es la perfecta combinación entre la precariedad rústica y el lujo. Sus habitantes llegan en busca de la tranquilidad y la paz del desierto.

Saliendo desde San Pedro hacia el Paso Jama, se toma la dirección que lleva a la aldea de Tulor, uno de los sitios arqueológicos más antiguos del norte de Chile. Pero para llegar a esta casa no hay que detenerse en la entrada, como lo hacen los buses llenos de turistas, sino que hay que seguir por el mismo camino un par de kilómetros más. En total, el recorrido desde el pueblo no toma más de veinte minutos, pero el calor y la sequedad del ambiente aumentan la impaciencia.

Una típica casa de adobe atacameña da la bienvenida, el silencio y la tranquilidad del lugar aseguran que no hay compañía. El techo de paja brava con un envigado de ramas de chañar antiguas, las diminutas ventanas y el grosor de las paredes logran bajar la alta temperatura que hay afuera. En sus inicios, hace 15 años, esta casa no era como la vemos: un refugio que parece precario y muy rústico, pero que a la vez tiene todas las comodidades de un hotel de lujo. Hace cinco años que la decoradora Carolina Delpiano recibió el llamado de un empresario turístico que planeaba construir un exclusivo hotel cerca de San Pedro de Atacama. Arrendaron esta casa para alojar a los arquitectos que estarían a cargo del proyecto, entre quienes estaba Peter Zumthor, el suizo que ganó el Pritzker en 2009. Se trataba de su primer proyecto en América y debía quedarse en un lugar tranquilo y confortable.

En dos meses, la diseñadora tuvo que remodelar, restaurar y decorar el lugar. Cargó un camión lleno de muebles viejos y con todas las cosas que compró en Santiago, encargó los textiles a artesanos atacameños, cerró las piezas que estaban abiertas hacia el living, arregló los muebles en obra y construyó otros. No era su primer proyecto en San Pedro, anteriormente había trabajado en el hotel Tierra Atacama, por lo que Carolina sabía cómo hacerlo. “Es un lugar que conozco muy bien. Conozco su paisaje, su artesanía y sus artesanos, había trabajado con ellos, sabía cómo se trabajaba en la zona y lo que necesitaba”, cuenta. Sin embargo, no dejaba de ser un gran desafío: “Había que jugar con la precariedad para hacer que a la vez fuera un lujo”.

Los clientes eran exigentes. Eran miembro del grupo Nomads of the Sea, quienes son dueños del crucero Atmosphere, que navega por la Patagonia. Ellos sabían de hospitalidad, de lujo y elegancia, por lo que Carolina tuvo que buscar el equilibrio entre lo elemental y la máxima comodidad. Los elementos rústicos, como las fuentes de greda y de madera, los muebles de adobe y las lámparas de mimbre, se mezclan con sillas modernas de The Popular Design, la cristalería fina y la loza de Villeroy & Boch. En total, la casa tiene dos piezas y un gran espacio en común (con living y una cocina comedor); no era mucho lo que cabía así que hubo que centrarse en lo fundamental.

Pese a estar inserta en el paisaje más árido del mundo, en el patio hay algarrobos y chañares que dan una rica sombra para estar afuera. Distintas terrazas construidas en obra, un jacuzzi y hasta una cama en el exterior invitan a salir de la casa y a disfrutar de la naturaleza del desierto. Por las noches, el lugar se convierte en uno de los mejores escenarios del mundo para mirar las estrellas.

Pese a que el proyecto hotelero se postergó, el grupo de empresarios y arquitectos sigue viniendo a esta casa de vez en cuando. Las pantuflas que tanto le gustaba usar a Zumthor siguen en el canasto de la entrada y su cama todavía está afuera; hay leña para llegar a prender los fogones y el horno de barro, donde se preparan exquisiteces. Pareciera que la calma y el silencio del lugar estuvieran a la espera de ser visitados.