Un departamento donde todo está a la mano, pero no a la vista, es el que proyectó el diseñador coreano Cho Hyun Ju en el barrio El Golf. Es un espacio en dos niveles, que ha sido pensado al milímetro, ideal para una persona, fácil y práctico para vivir.

En este preciso momento, Cho Hyun Ju puede estar en Sydney, Nueva York o Seúl. El decorador coreano se mueve por todo el mundo por su trabajo, que se caracteriza por aprovechar al máximo el espacio disponible, a través de soluciones simples y muy limpias visualmente. El color también hace su aporte, y él lo usa en la medida justa, un trabajo que sabe hacer a la perfección, porque también es pintor.

En Santiago ha dejado su huella en varios proyectos, porque viene cada vez que puede, desde que en 2009 su amigo Mario Reyes Vidal lo invitó a trabajar en uno de sus departamentos. Se conocieron en Tailandia, cuando ambos estaban trabajando allá. Al poco tiempo Mario decidió retirarse del Banco Mundial y volver al origen, a Chile, a dedicarse a lo suyo –la economía–, pero a un ritmo más lento. Cuando buscaba dónde instalarse, tenía cuatro o cinco departamentos vistos, y le pidió a Cho que viniera a Santiago y le ayudara a escoger. En esa oportunidad compró un departamento en el edificio barco de Borja Huidobro, lo remodeló, vivió ahí un tiempo, lo publicamos en ED, y paseando por el barrio descubrieron este edificio, en una tranquila calle del barrio El Golf y que estaba en etapa de construcción. Cho lo convenció de comprar en verde, remodelaron por completo un departamento y luego de un tiempo, se desocupó éste, que fotografiamos ahora.

“Me gustaba más por su orientación, tiene muy buena luz y una buena terraza”, cuenta Mario.

Por supuesto, fue Cho Hyun Ju el encargado de su diseño interior, porque es especialista en lugares donde cada centímetro debe aprovecharse. Además, la concepción del decorador coreano, al que le gustan los espacios integrados, con un concepto estético muy limpio, donde todo se oculta y disimula tras muebles, le venía muy bien a este loft, de dos pisos, que actualmente tiene arrendado.

Lo único que permaneció de la distribución original fue la madera de la escalera, pero los escalones se lacaron en blanco. El espacio se transformó radicalmente, se botaron muros –sólo se dejaron los de los baños–, y para ampliar visualmente el lugar integró la cocina, comedor y el sector de recreación. No se ve ningún electrodoméstico, todo tiene su lugar, pero detrás de una puerta: el refrigerador, el microondas, incluso la lavadora.

Para el revestimiento del piso eligió una cerámica texturada que simula una alfombra. El resto, muros lisos y un toque de color en la cocina, que funciona como un cuadro.

En el segundo piso se eliminó un dormitorio pequeño y se reemplazó por una salita, contigua a la pieza principal. Ahí Cho diseñó una cama redonda y de cuero, que se mandó a hacer especialmente.

En la terraza hizo un deck de madera y pintó un mural con colores primarios, que combinó con sillas de los mismos tonos. “Es un departamento ideal para vivir solo”, dice Mario Reyes Vidal. “Todo está a la mano, es muy cómodo y funcional”.