Vida de montaña

Aquí el olor a galletas recién hechas es permanente, la música de fondo no deja de sonar, no faltan los campeonatos de cartas y el living está siempre lleno de niños preparándose para ir a esquiar. Así es el departamento de Ana Dominguez, un lugar abierto, lindo y muy bien pensado, donde no sólo se refleja su mano de decoradora sino también su vida en familia.

No hay fin de semana del invierno en que el panorama no sea subir a la nieve. No importa si hay una reunión, fiesta o cumpleaños; la decoradora Ana Domínguez y su familia parten religiosamente todos los viernes en la noche a su departamento en La Parva.

Ubicado en el último piso de un edificio frente a la cancha Las Flores, es aquí donde se olvidan del mundo, aprovechan de descansar, de esquiar todo lo que puedan, de hacer picnics y paseos a Farellones y de estar en familia. “Tengo el gran privilegio de venir a la montaña desde hace tiempo y he hecho mi vida acá. Conocí a mi marido, los niños aprendieron a esquiar y he pasado minutos muy importantes. Antes tuvimos otro departamento, pero al final se nos hizo un poco chico y hace un año tuvimos la suerte de poder cambiarnos a éste”, dice.

Son 140 metros cuadrados, con cuatro piezas, salita de estar y una cocina integrada al living. Lo compraron en verde, por lo que pudieron modificar los planos y organizar la distribución según sus necesidades. Una de las prioridades era que fuera un espacio amplio. Por lo mismo, decidió que la cocina fuera abierta y con una mesa isla que hiciera las veces de comedor. También que los techos tuvieran tres metros de altura y que la terraza fuera como un segundo living. “En general los refugios de nieve tienen pocos metros y no son muy amplios, así que me encargué de aprovechar al máximo los espacios de éste. Además, quise que fuera un lugar fácil de mantener, muy funcional.

Elegí un revestimiento de MK para los pisos, mármol de Carrara para la mesa de la cocina y porcelanatos para los baños”.

Como era de esperar, toda la decoración estuvo en sus manos. “Quería algo simple, menos recargado que mi casa de Santiago, con pocos objetos pero cálido también”. Para eso se encargó de pintar los muros beige y de usar mucho blanco y gris. En el living, a los sofás les puso fundas de lona cruda para poder lavarlos fácilmente. Los sillones los tapizó en lino y la alfombra es de sisal. La mesa de centro la diseñó ella al igual que las camas, los veladores y los muebles de los dormitorios. En su pieza revistió uno de los muros con lino rústico y en el pasillo hacia el resto de los dormitorios instaló un corcho de tres metros de largo con fotos de toda la historia de su familia en la nieve.

Y cuando le preguntamos cuál era el lugar que más le gustaba de todo el departamento, no dudó en contestar que la cocina. “He sacado una veta gourmet que no sabía que tenía. En Santiago nunca me meto mucho porque tengo una cocinera exquisita que lleva 18 años conmigo, pero acá en la nieve es distinto. En general estamos solos y se da la instancia para hacer cosas ricas y convidar gente. Me creo la muerte con todo lo que he aprendido, he conseguido muchas recetas y todo el tiempo estoy probando datos nuevos”.

“Estar acá es como irse de viaje, un descanso. Me fascina el olor de la nieve, el aire, cuando está lindo y también cuando nieva. En Santiago todos en mi familia hacen sus vidas, en cambio cuando estamos acá comemos juntos, organizamos muchos panoramas, jugamos cartas y aprovechamos de hacer cosas que en la casa no se dan tanto”.