El regreso de Weiwei

Flores, felicitaciones, palabras de ánimo, abrazos, y muchas selfies marcaron el regreso del disidente chino a su país. Mundialmente conocido por sus proyectos activistas, el artista conceptual Ai Weiwei presenta por primera vez su trabajo en su ciudad natal.

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Su papá fue uno de los poetas más famosos de China y su familia está llena de talentos. Ai Weiwei se rodeó de artistas como Marcel Duchamp, Andy Warhol y Jasper Jhons, pero hasta ahora en su país era rechazado por convertirse en un importante activista contra el gobierno autoritario Chino.

Esto hasta el martes 10 de junio, día en que hubo un cambio apreciable en la relación de Ai Weiwei con el régimen chino. Ostracismo, acusaciones, arresto, críticas y manifiestos; así fueron los últimos cuatro años para este artista, pero finalmente Ai pudo regresar a sus 58 años a la inauguración de su primera exposición en solitario en China.

La reconstrucción de un templo con más de 400 años de historia de la dinastía Ming fue su elección para debutar en una muestra monográfica en el gigante asiático. Hasta ahora, sólo había participado en exhibiciones colectivas.

Más que su trabajo fue su presencia lo que cautivó y acaparó la atención en las galerías Continua y la de Arte Contemporáneo Tang en Beijing. Ambas acogen conjuntamente la exposición que lleva por título su nombre, «Ai Weiwei». El artista recibió flores, felicitaciones, palabras de ánimo, y entregó abrazos, saludos y muchas selfies.

Tras las duras acusaciones que ha recibido por su complicada relación con el régimen de su país, Ai Weiwei no acude a las múltiples exhibiciones de su obra que se han realizado en el extranjero, entre ellas la instalación «Pipas de girasol 2010», integrada por media tonelada de pipas de girasol hechas en porcelana en la Sala de Turbinas de la Tate Modern y que luego viajó al Monasterio de la Cartuja de Sevilla, un estreno en España al que siguió la exhibición «On the Table» en Barcelona un año después.

Fue quizás su marginación en China, donde su nombre está censurado en la popular red social Weibo (el equivalente local de Twitter), lo que le ha dado el empujón definitivo en el panorama internacional. La obra de Ai llegó hasta la prisión de Alcatraz de San Francisco (EE.UU.) a finales del año pasado con «@Large», un conjunto de obras que desplegaba tradicionales elementos de la cultura china como las flores de porcelana o las cometas en forma de dragón en las salas de la prisión, y en septiembre protagonizará una retrospectiva en la Royal Academy de Londres.

Su retorno a la escena artística china se traduce en una gigantesca estructura con los pilares y las vigas de madera de un templo familiar de la provincia de Jiangxi, construido hace más de cuatro siglos. Acompañan esta monumental pieza central una figura de un dragón, una colección de jarrones, una gran lámpara de cristal o un espejo pintado. En todo caso, Ai Weiwei aseguró a través de un comunicado que los objetos exhibidos no importan, puesto que su intención con la muestra inaugurada en Beijing era otra: «Quería hacer una declaración, que estoy realizando una exposición en China».