Espontánea

arte revista ed

Ana Bonamico se deja llevar. Su arte no es nada premeditado, sólo surge de un recuerdo y luego fluye. Lo que nunca falta es el color… es como un balde de energía positiva.

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No había terminado su segundo año de carrera de Bellas Artes cuando una familia italiana, los Ciceros, la descubrieron en una feria de arte en Buenos Aires. Con sólo 25 años, Ana Bonamico estaba exhibiendo sillones intervenidos con figuras humanas que representaban una escena. Los italianos habían viajado a Argentina a buscar artistas jóvenes para presentarlos en la galería Buenas Artes y consiguieron diez, entre ellos Ana, cuyo concepto y técnica los atrajo de inmediato. Le enviaron una propuesta por e-mail para que participara en la exposición y seis meses después figuraba en Capalbio, Toscana. Fue un salto a la fama, en Italia la gente se encantó y hasta la dueña de Fendi, Silvia Venturini, le compró obras para su colección personal.

Cuando volvió de Italia con sus sillones, todo el mundo quería uno. La idea comenzó a variar e hizo dos o tres más con los fondos llenos de dibujos, mezclando texturas y materiales, y surgió la necesidad de crear un juego entre la memoria vacía y la memoria llena. Las personas las dejó en blanco y el fondo lo pintó por completo. Esta idea de dejar registro la ha llevado a incursionar en objetos cotidianos, como cojines, zapatos, ropa, envases de perfumes… “Soy de intervenir mucho. Desde chica empecé a pintar todo lo que tenía: sillas, banquetas… Ya estudiando, me acuerdo que fui a una feria y vi estos sillones. Eran cinco y ahí, en ese mismo momento, me imaginé a las personas sentadas. Me lo imaginé todo”. Así comenzó esta incursión por el mundo de los detalles, de la acumulación de dibujos que crean historias para las personas, aun cuando es el relato de la historia de la propia artista.

Sus proyectos nacen espontáneamente, al igual que su método de trabajo. La fluidez de su creatividad es la base de todas sus colecciones, desde la concepción de la idea hasta la realización. “Un día me desperté en la mitad de la noche y pensé: tengo que pintar almohadas con personas durmiendo”. Se levantó y comenzó inmediatamente. En esto está trabajando ahora. Por varios años coleccionará almohadas que hayan usado sus conocidos para retratarlos y pintar sus sueños, sus recuerdos, sus historias. La colección se compondrá de 100. Va por la 20. Es un proyecto a largo plazo, que espera con ansias poder completar y ver terminado.

Con el tiempo su trabajo ha madurado sin cambiar radicalmente. Sigue interviniendo objetos con su pintura, aunque últimamente se ha volcado al cuadro tradicional. Parte con algunos dibujos, formas, lugares que recuerda de su infancia, objetos, colores que relaciona con sucesos importantes de su vida. El lápiz pastel la hace recordar su niñez, con éste empieza. Después, lo combina con lápices y acrílicos, y todo se camufla. La acuarela es otra de las técnicas que le gusta usar porque deja una huella, igual que su concepto de memoria.

Ana no imagina una obra de ella sin color. Dice que a través de ellos transmite buena energía, que es el mensaje que quiere entregar. “En el momento en el que estoy pintando, me dejo llevar mucho. Voy poniendo y agarro mi paleta de pasteles y voy metiendo. Con las pinturas es lo mismo. Pero jamás decido qué color va a ir en qué lugar”. Nunca sabe cómo va a terminar la obra. “Mi perro siempre está. Hay un auto que me encanta, también está Tom Ghiorzo, mi marido. Siempre hay cosas que me hacen recordar mucho o son importantes para mí. Y después la idea es tapar un poco, camuflarlas, y que la gente empiece a encontrar su propia historia”. Es un estilo “barroco contemporáneo”, como lo califica ella, pero totalmente abstracto. De pronto se empiezan a encontrar los personajes y la obra se torna un poco más figurativa.

Actualmente está preparando su muestra Art Fiction que presentará desde el 5 al 16 de noviembre en el Museo de Arquitectura (MARQ), en Buenos Aires, y luego en Londres y Santiago. La serie está hecha con pinturas glow, que brillan en la oscuridad, para hacer un juego de contraste con la luz, integrar las sensaciones y hacer partícipe al espectador usando la vista, el olfato, la audición, el gusto y el tacto. En ocasiones anteriores, para lograr esta total abstracción en su obra, Ana invitó a especialistas en los cinco sentidos para que hicieran una crítica de su obra desde la perspectiva de cada uno. Su estilo lleno de formas e intensos colores está siendo curado por la reconocida Victoria Tolomei, y es una muestra del recorrido de la vida. La artista se refugia en una frase de Jorge Luis Borges, que desde hace tres años pone en sus cuadros. “Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”. Las letras las camufla entre el fondo de sus dibujos haciéndolas casi desaparecer. Cuando el cuadro está listo, hasta a ella le cuesta encontrarlas.

www.anabonamico.com

 

  • La artista argentina Ana Bonamico.

  • Sin nombre, pastel al óleo, acrílico y acuarela sobre papel, 50 x 70 cms, 2013.

  • desde el año 2005 ana ha desarrollado su tecnica de intervenci
    desde el año 2005 ana ha desarrollado su tecnica de intervenci

    Desde el año 2005 Ana ha desarrollado su técnica de intervencionismo en cuadros.

  • Sin nombre, pastel al óleo, acrílico y acuarela sobre tela, 166 x 201 cms, 2014.

  • Sin nombre, pastel al óleo, acrílico y acuarela sobre papel, 155 x 200 cms, 2013.