Las mil y una alfombras

Fatih Kaya

Sagradamente, una vez al año, Fatih Kaya aterriza en nuestra capital. Viaja más de 13 mil kilómetros desde su natal Turquía para hacer negocios y descansar de aquel incesante bullicio y ajetreo del mítico Gran Bazar de Estambul. Allí vende finas alfombras.

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Han pasado 15 años desde la primera vez que Fatih Kaya (34 años) pisó nuestro país. Fue invitado por la familia Kawas, a la que había conocido en el Gran Bazar de Estambul (en la primera de sus tres tiendas). Ellos estaban de visita y le compraron una alfombra. Quedaron tan contentos con su adquisición, que le propusieron traerlas y venderlas acá.

Desde entonces no ha parado y cada mes de abril llega para instalarse durante 40 días en una especie de tienda ‘pop up’, un secreto que ha sido muy bien guardado entre decoradores y especialistas. Esta vez llegó con 1.400 paños debajo del brazo para instalarse a pasos de Isidora Goyenechea en un local que sólo estará abierto hasta el 15 de mayo.

Más de la mitad de su vida este kurdo ha estado ligado a este antiguo arte textil. De hecho, desde los trece años, ha sido todo su mundo. Comenzó en una de las casi cuatro mil tiendas que existen en el Gran Bazar, uno de los más antiguos del mundo. Allí su labor consistía en abrir y guardar las alfombras mientras los vendedores hacían lo suyo. Entre tanto, el pequeño Fatih aprendía no sólo del arte de hacer una buena venta, sino también de materiales, diseños, orígenes, tipos de tejidos, y mil historias acerca de ellas. Su padre le insistía que lo dejara y se hiciera cargo del campo que tenía al norte de Turquía, pero fue firme y no lo hizo. Siguió adelante con su pasión. Ya se había encantado con esos ancestrales paños, con todo ese pálpito en la compra y venta, y con ese no menor parloteo tan distintivo y esencial del comercio de Estambul. “Quería ser un señor de negocios, y no de cualquier cosa, sólo de alfombras”, dice.

Fatih elige cuidadosamente cada una de las piezas que trae a Chile en cada uno de sus viajes. Se preocupa de que sean aptas para el fuerte sol de nuestro país. No sólo se trata de las características de nuestro clima, sino también del gusto de los chilenos por una arquitectura, que privilegia los amplios ventanales. “Con el sol –explica–, los tintes artificiales se destiñen con facilidad. Por eso, prefiero los teñidos naturales. Ellos no pierden su color ni se marcan”. Otro punto con el cual no escatima es la calidad de la materia prima. Sólo elige diseños confeccionados con lana de oveja, angora, que es la del pecho y cuello. Es la más suave y resistente a las quemaduras.

En esta Meca, que es su tienda, se pueden descubrir verdaderos tesoros, como las alfombras del Cáucaso. Son piezas muy antiguas que llegan a tasarse hasta en 200 mil dólares. ¿La razón? El oficio se perdió. Las que trae Fatih tienen más de 80 años. Aclara que sólo vende alfombras finas. Además del Cáucaso, también sumó a su selección, algunas de Turquía, Irán y Siria. “Son los lugares en los que por excelencia se hacen alfombras finas. No hay nada de Pakistán y Afganistán, países donde hoy se hacen copias y de muy mala calidad”, destaca.

Para Fatih, su nombre es garantía de por vida. No le importa si sus alfombras son compradas aquí en Chile o en Estambul; él responde por la calidad de cada una de ellas. Además cuenta con un taller con doce reparadores. Pese a que viene a Chile una vez al año, se le pueden comprar vía mail el resto del año. En cinco días se las entregan a la puerta de su casa a través de Fedex y DHL sin ningún cobro adicional. Y si prefiere escaparse, él se encarga de darles la bienvenida con el tintineo de los vasos de té y el eterno eco del vibrante comercio en el Gran Bazar de Estambul.
Hasta el 15 de mayo, en Benjamín 2946. fatihcarpet@hotmail.com