Retro: Conversación vital con Fernando Zegers

Conversación vital con Fernando Zegers Revista ED

Las palabras que cuidadosamente elige para hablar son tan elocuentes como las que prefiere no pronunciar. Algunos destellos de este hombre, destacado médico especialista en infertilidad y reproducción humana, que pareciera caminar un poco más adelante, un poquito más arriba y en la vereda de enfrente.

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Un resumen de lo que aparece en Google: Fernando Zegers Hochschild, médico de la Universidad Católica, hizo su especialidad en Ginecología y Obstetricia en la Universidad de Chile. Ganó una beca para profundizar sus estudios en la Universidad de Sheffield, Reino Unido, y la Akademisch Ziekenhuis, en Bélgica. En 1983 fue uno de los fundadores de la Clínica Las Condes, donde trabaja hasta hoy. Es fundador, además, del Instituto Chileno de Medicina Reproductiva y del Registro Latinoamericano de Reproducción Asistida, primer índice multinacional que desde 1990 publica los resultados de las técnicas practicadas en Latinoamérica, lo que ha contribuido a educar a miles de padres, examinar tendencias regionales y monitorear la eficiencia de los distintos tratamientos. A raíz de esta iniciativa, fue premiado en 2007 con el Clinical Science Award, por la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología. Actualmente es director también del Programa de Etica y Políticas Públicas en Reproducción Humana de la Universidad Diego Portales, que busca contribuir a la reflexión respecto de los desafíos éticos que presentan los avances tecnológicos, así como el acceso equitativo a métodos de regulación de la fecundidad.

-Otro de los resultados en internet arroja al Fernando Zegers que se desempeña actualmente como embajador de Chile en el Vaticano, ¿cómo te verías haciendo la pega de tu tocayo?

Es pariente mío, de hecho… Es curioso porque me ha tocado dar conferencias con el Dalai Lama, me he reunido con el gran sheik del mundo sunita, y siendo esas filosofías tan distantes y distintas a la nuestra, finalmente las he sentido más cercanas.

Su casa de madera, de líneas simples y con pocos muebles –obra del arquitecto Jorge Figueroa–, acoge el otoño entero en su jardín. A pesar de que el doctor Zegers tiene que viajar casi todos los meses al extranjero por charlas y conferencias, que dedica diariamente un tiempo a escribir papers, que se traslada casi todas las tardes al barrio República a la Universidad Diego Portales y que tiene sus horas de consulta tomadas de aquí a dos meses, conversa con toda calma y se demora las más de dos horas de entrevista en tomarse un té y un pan con palta. Está pendiente y le importa mucho que no se me vaya a pasar la mano con los polvos de Stevia que le pongo a mi agüita de poleo de su propio cultivo.

Lo que cuenta

-¿Qué tipo de infancia tuviste?

Privilegiada. Fui el segundo de cuatro hermanos, fui un cacho porque nací once meses después de mi hermano mayor. Mi madre era muy querida, murió joven en un accidente de auto, yo tenía como 23 años. Mi padre era empresario minero; nos pudo dar todo lo que quisimos en cuanto a estudios, posibilidades. Estuve en el colegio Saint George.

-¿Qué hechos marcaron la vida que seguiste después?

Siempre me lo he preguntado, cuánto viene de adentro y cuánto aporta lo de afuera, y la verdad no sé la respuesta. Puedo identificar algunas cosas, al profesor Jara, de Biología, que nos hacía hacer experimentos y me acuerdo que eso fue un estímulo importante, pero claro, seguro fueron estímulos que recibí justo en el momento en que había unos receptores alerta.

-¿Pero sentiste clara tu vocación por la medicina?

Me gustaba mucho el teatro y en su momento tuve que tomar la decisión de si seguir con eso o estudiar Medicina, que era lo otro que me gustaba. Elegí con total libertad en realidad, en mi familia nunca me presionaron a nada. No quedé en Santiago así es que me tuve que ir a Concepción. Apenas llegué me enfermé de meningitis y entonces me tuve que devolver y perdí el año. Hice los exámenes de nuevo y tampoco quedé en Santiago, con lo que mi nivel de frustración empezó a aumentar. Las clases ya habían comenzado y ocurrió que milagrosamente me llamaron un día para decirme que había corrido la lista de espera. Así fue que por fin entré a medicina en la Católica y ya ahí me enrielé bien. Lo pasé fantástico. Eran los años 60, fui bien hippie, no tenía mucho tiempo de meterme en política pero siempre fui bien alternativo. El año 73 me recibí.

-¿Cómo viviste esos años de desorden político?

Fue bien insólito. Yo tenía 23 años, estaba interno todavía, y tuve un programa de televisión. Era en el canal nacional, venía Conversando con Mireya, que era muy popular, luego la primera teleserie que transmitieron en Chile, Muchacha italiana viene a casarse, que tenía al país entero viendo tele a las 2 de la tarde, y luego venía mi Entrevista al doctor Zegers, donde yo explicaba cómo tratar la bronquitis, qué hacer con los dolores de guata, cómo ponerse el condón… y yo dibujaba en un pizarrón con toda libertad y explicaba cómo ponerse la cuestión… El people meter en esa época eran las cartas y al programa éste llegaban sacos de cartas, seguro en esa época yo era más pinteao, entonces me escribían las chiquillas. Después durante la dictadura parece que me puse un poquito rojo porque lo cortaron al poco tiempo.

-¿Desde un comienzo te opusiste al golpe militar?

Había un caos en el país, el desabastecimiento era total. Yo estaba recién casado con mi primera mujer, Mónica Oportot, teníamos a la Antonia, mi hija famosa, la actriz, y vivíamos a los tres cuartos y un penique. Hacía mis turnos de internado en la Católica, trabajaba en el Sótero del Río como auxiliar técnico de anestesia, atendía en la población La Bandera… me movía por todos lados para salvar. Pero una cosa era el caos y otra que llegaran los militares. Siempre me opuse a la dictadura. La toma de poder me produjo un quiebre, una tristeza grande. Mi familia de origen, claro, estaban todos a favor.

-¿Y te peleaste con ellos?

No, hoy tengo un hermano supernumerario del Opus Dei con el que no peleo… tampoco nos peleamos por temas políticos en su momento, parece que la mía es una familia a toda prueba.

-En 1979 te fuiste a Europa a estudiar, ¿fue para escapar un poco de lo que ocurría aquí?
No, para nada. Me gané una beca de la Organización Mundial de la Salud y de hecho partí solo, por ocho meses a estudiar. Académicamente fue una experiencia fantástica porque eran los años en que recién empezaba todo el tema de la reproducción asistida, pero en lo personal fue muy duro, fue difícil separarme de mis hijos, ahí ya existía también Fernando, el Nano. No había Skype.

-¿Y cómo fue la vuelta?

Volví a la Universidad de Chile, donde había hecho mi especialidad, tenía también una consulta, y a los pocos años fue que con un grupo de médicos fundamos la Clínica Las Condes, que ha sido un aporte importante creo yo en el sentido de que transformó la manera de trabajar de las instituciones privadas incorporando todo el tema de investigación, que antes sólo se desarrollaba en las universidades.

Lo que calla

-En 2006 acompañaste al Dalai Lama en la conferencia que hizo en su visita a Chile, ¿en qué momento se produce tu acercamiento al budismo?
No ha habido un acercamiento por mi parte a nada, yo sólo recibí una invitación a exponer en esta visita del Dalai Lama. Yo no me declaro nada pero tampoco bloqueo nada, y encuentro verdad en el budismo pero también en el sufi, en San Juan de la Cruz…
De repente, de la nada, el doctor Zegers, mirando el amarillo de los árboles de su ventana, con el más azul de sus ojos ilusionados, comienza a recitar coplas del santo poeta:

“Entréme donde no supe
y quedéme no sabiendo
toda ciencia trascendiendo.

Yo no supe dónde entraba
pero cuando allí me vi
sin saber dónde me estaba
grandes cosas entendí
no diré lo que sentí
que me quedé no sabiendo
toda ciencia trascendiendo.

De paz y de piedad
era la ciencia perfecta,
en profunda soledad
entendida vía recta
era cosa tan secreta
que me quedé balbuciendo
toda ciencia trascendiendo.

Estaba tan embebido
tan absorto y ajenado
que se quedó mi sentido
de todo sentir privado
y el espíritu dotado
de un entender no entendiendo
toda ciencia trascendiendo.

Y si lo queréis oír
consiste esta suma ciencia
en un subido sentir
de la divinal esencia
es obra de su clemencia
hacer quedar no entendiendo
toda ciencia trascendiendo”.

“A mí me ha pasado esto un par de veces en mi vida”, comienza a explicar Zegers, “de hecho, exactamente dos veces he vivido esta experiencia, esta vivencia del entendimiento que es exquisita, que probablemente se logra estando abierto a encontrarla, pero no necesariamente se llega tras la búsqueda”.

-¿Muy intruso preguntarte cuáles han sido esas dos veces?

Cuando vi un embrión por primera vez aquí en la clínica. Debe haber sido el año 84. Fue tan fuerte. Me tuve que ir. Me vine a mi casa. Al otro día tampoco pude volver.

-¿Necesitaste un tiempo para decantar esa experiencia?

No sé, las palabras están totalmente de más. Era la primera vez que me pasaba una cosa así, duró esos días y luego volvió la realidad, y volví a la clínica y todo siguió. Pero esa primera experiencia fue algo exquisito. Indescriptible.

-¿Y la segunda vez?

Fue en el desierto, cerca de Mamiña. Una pareja aymara que no podía tener hijos vino un día a mi consulta. El se llamaba Lalo y ella Yagua. Hicimos un tratamiento in vitro y Yagua quedó embarazada, entonces volvieron al norte. Yo estaba un día en la clínica y de repente sentí la necesidad imperiosa de partir a verlos. Compré pasajes y al rato estaba en Iquique. Arrendé auto y subí a Mamiña, a buscarlos. Pero resulta que llegué y me dijeron que habían bajado a la ciudad, a una feria de artesanía. Me fui entonces con las direcciones que me dieron para llegar a su casa, a conocer al menos el lugar donde vivían, un poco frustrado por el desencuentro. Y estaba ahí afuera mirando, cuando de repente de atrás me saluda Lalo, que venía llegando con Yagua. Fue increíble, si lo hubiéramos planificado no hubiera resultado tan sincronizado. Y entonces me abrieron, me mostraron cuál sería mi pieza y decidimos con Lalo salir al otro día a caminar. Yo había llevado mi pura mochila con una Biblia, siempre estaba buscando encontrar a Jesús. Partimos al día siguiente nuestro paseo. Nos tomamos un cactus San Pedro que tenía Lalo y nos fuimos caminando hacia las montañas los dos, en absoluto silencio. Y fue una vivencia muy especial. Fue lindo, eso que tú no quieres cambiar nada, yo me acuerdo iba pisando despacito para que no se moviera ni una piedra. No sé qué más decirte. Son momentos que te hacen reconocer que hay más de lo que uno ve y que está ahí. Que tal vez nunca lo vas a encontrar, que quizás nunca lo vas a ver, pero está ahí.

-¿Dios?

Hace poco hubo una discusión tan estúpida en El Mercurio a través de las cartas al director. Todos los intelectuales dando razones y no razones de la existencia de Dios. ¡Qué vanidad este uso de la inteligencia para explicar la existencia de Dios!, la divinidad no se explica, es que no hay palabras. Se vive. Hay que ganarse sosegaíto no más; callao. No tiene mucho sentido hablar de estas cosas.

-¿Pero finalmente tu acercamiento a la divinidad ha sido más a través del cristianismo o por el camino oriental del budismo?

Es que da lo mismo, yo no tengo ningún apego, creo que a estas alturas no hay adentro ni afuera. No tengo necesidad de identificarme con nada.

-¿De dónde sacas la seguridad para seguir con tus ideas y convicciones en medio de una sociedad católica tradicional? Tu misma familia de origen también era así.

A los 65 años es más fácil… No sé, no es un modelo que permita un análisis retrospectivo. Uno va construyendo de a instantes, es la individualidad que de repente se expresa y uno va, pum, saltando como un conejo. De todas maneras yo soy una persona que ha escrito mucho, leído mucho, tengo mucho de donde sacar. En varias oportunidades me he casi-encerrado en los benedictinos, donde solía cantar todas las noches para las vísperas, y es en ese silencio y retraimiento donde he podido decantar las ideas y reflexionar. Es que cuesta meterse para adentro, la chicharra tira como loca y hay mucha distracción.

-¿Cuál es tu situación familiar ahora?

Eso no es relevante. Qué lata. Lo único que quiero decir es que tengo 7 hijos adorables. Y no es que sea del Opus Dei, no me dejan ni estacionarme cerca los del Opus Dei… Vivo con mi actual mujer, Sharon Matthews, hace 16 años. Ella es norteamericana, del mundo de las finanzas, una mujer brillante. Cada vez que podemos nos vamos a Zapallar, tenemos una casa linda. Salimos re poco. A veces vamos a almorzar con los niños a algún lugar, pero somos bastante ermitaños. Aparte aquí en la casa hay mucho trabajo, yo sigo haciendo tareas con los niños, llevando al colegio hace más de 40 años…, entonces falta tiempo.

-¿Qué has buscado transmitirle a tus hijos?

No sé, y ver a mis propios hijos me deja más perplejo todavía porque tengo siete que han seguido caminos totalmente distintos. Tú ves a la Antonia que es actriz; Fernando es surfista y ha desarrollado toda una marca de artículos de surf. Después Aymara es escultora, está restaurando la ballena del Museo de Historia Natural; Gabriel es agrónomo y está haciendo un magíster en Medio Ambiente. Ellos dos son de mi segundo matrimonio con Mary Anne Miller. Los tres más chicos vienen medio músicos parece. Veo que lo que yo he proyectado con mi trabajo no se ha visto reflejado, tal vez sí en la manera de hacer las cosas, pero no directamente. Eso es rico, es muy salvador y te obliga a ti como imagen a ser eso, una imagen, pero no a entrometerte en la toma de decisiones y en la forma de vivir la vida de tus hijos ni de nadie.

El doctor Zegers empieza a refregarse el brazo, como buscando el reloj. Pero dice que no, que no es eso, que tiene una mancha desde hace tres años en esa manga del chaleco y que todavía no le sale. Pero claro, aprovecha de ver la hora y, sí, ya tiene que volver a la clínica.

  • Ex alumno del colegio Saint George, reconoce el entusiasmo que le producían las clases de biología del profesor Jara, que en algo pueden haber influido en su vocación por la medicina.

  • Junto a tomas, el menor de sus hijos.

  • Con Pato Goycoolea, Jikusan, con quien se ve todas las semanas, "somos como hermanos. ¡en esta foto hasta nos vemos parecidos!".

  • Junto a sus hijos Fernando, surfista, y Tomás.

  • Con Sharon Matthews, su mujer desde hace 16 años.

  • Fernando Zegers andando en moto.

  • Junto a dos de sus hijas: Antonia, "mi hija famosa, la actriz", y Emilia.

  • En algún momento de los 70 junto a su hija y algunos amigos.

  • Junto a Sharon Matthews y sus tres hijos: Emilia y los mellizos Olivia y Tomás.

  • Junto al Dalai Lama en una conferencia el año 2006.

  • Fernando trabaja en la Clínica Las Condes y es director del programa de Ética y Políticas Públicas en Reproducción Humana de la Universidad Diego Portales, que busca contribuir a la reflexión respecto de los desafíos éticos que presentan los avances tecnológicos.