Una revancha conceptual

El poeta y artista visual Marcel Broodthaers fue un incomprendido al inicio de su carrera, pero este año el MoMA expone por primera vez en Nueva York una retrospectiva de su obra. Son 200 piezas que el belga realizó durante las convulsionadas décadas de los 60 y los 70 y que marcaron un precedente para lo que entendemos por instalación hoy en el lenguaje del arte.

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El belga Marcel Broodthaers pasó 20 años de su juventud intentando sobrevivir en la pobreza como poeta. Trabajó como fotógrafo, camarógrafo y periodista hasta que a principios de los años 60 decidió seguir su instinto, canalizar su frustración y manufacturar objetos. Para empezar, ensambló con yeso 50 ejemplares no vendidos de su libro de poemas Pense-Bête y le mostró el resultado a Philippe Edouard Toussaint, dueño de la Galerie Saint-Laurent, en Bruselas. “Esto es arte”, le dijo el galerista y juntos armaron una primera exposición.

Así, sin quererlo, Broodthaers se convirtió en un personaje clave del arte contemporáneo que desafió con ironía los cimientos más tradicionales del mundo del arte. Además de osado fue prolífico: entre 1964 y 1975 produjo 26 ediciones de obra gráfica y 21 libros. Hizo películas, pinturas, grabados y objetos, plasmando en todos ellos sus inquietudes visuales y poéticas. Su sello fue trabajar la belleza desde la incomodidad. Para sus primeras instalaciones utilizó cáscaras de huevo y conchas de mariscos, elementos que desarmaban la convención estética de la época.

Su principal aporte fue preguntarse qué era el arte en una época crítica para el mundo y la producción visual. Cuestionó los conceptos de lo “institucional” guiñando a Mallarmé, Duchamp y Magritte.

Para evidenciar los privilegios y vicios propios de los circuitos culturales generó réplicas, como la instalación Museum of Modern Art, Department of Eagles, en la que reprodujo un museo itinerante sin lugar fijo ni colección permanente que “apareció” en distintas locaciones europeas entre el 68 y el 71. En ella se exhibían reproducciones de otras obras de arte que más tarde intentó vender en el catálogo de la Art Cologne debido a la “bancarrota del museo”, pero no hubo ningún comprador interesado.

Broodthaers exploró el significado profundo de los objetos planteando preguntas sobre qué es la obra y qué es el sistema del arte. Esta investigación derivó en lo que hoy entendemos por instalación en el mundo del arte. Y es que sus radicales intervenciones espaciales, como la muestra L’Angelus de Daumier en el Centre National d’Arte Contemporain de París, donde realizó una serie de décors en los que fundió el museo con su propio taller, se encargaron de borrar límites convencionales de los espacios de exhibición y advertir una cosificación de la obra de arte.

Así, lo que hizo este artista fue evidenciar, tempranamente, una industria guiada por el sistema comercial que comenzaba a generarse en torno a la actividad cultural. Hoy, a 40 años de su muerte, sus mejores obras, que fueron capaces de subvertir la repetición industrial transformadas en objetos únicos, se exhiben en el MoMA en una gran retrospectiva que, de algún modo, también es su revancha.