Los textiles de Malfatti que llenan de colores y formas los espacios

Luego de un largo proceso de aprendizaje y dominación de materiales, hoy una pareja de artistas que reside en Pichilemu trabaja fabricando textiles a partir de lanas naturales y materias primas que el entorno les entrega.

Alfombras y tapices murales son los productos textiles que se desarrollan en Malfatti (@tallertextilmalfatti), un proyecto fundado por una pareja de artistas que durante la pandemia decidió explorar nuevas técnicas. En aquel momento, las ganas fueron suficientes para montar un taller y conseguir los materiales que les permitirían comenzar un novedoso proceso de producción.  

Para comenzar este proyecto, Matías Noguera (Matu) y Fernanda Barros (Fer), los fundadores de Malfatti, debieron pasar por una capacitación que los instruyera en las técnicas del teñido de la lana, con tintes naturales y sintéticos. “Como artistas necesitamos tener la autonomía para poder desarrollar nuestra propia paleta de colores”, cuenta Matías, quien aprecia el entorno que lo rodea, donde puede recolectar hojas que brindan distintas tonalidades según la obra que están realizando.

El proceso de producción de cada obra consta de varios pasos, sin embargo, en cada uno de estos existe la preocupación de aprovechar cada material al máximo. Para partir cada pieza, lo primero que hacen es trabajar en la composición. “El proceso creativo consiste en hacer bocetos de collage con papeles de colores, es una técnica bien lúdica y análoga donde se juntan, se editan y se recomponen estas partes”, expresó Matu, “Luego lo digitalizamos, hacemos una recomposición y determinamos lo que nos gusta para empezar”.

El nombre del proyecto está inspirado en esta etapa: Malfatti significa mal hecho en italiano, lo que se relaciona con los cortes y bordes irregulares que hacen en este proceso de boceteado.  

Con el diseño listo, proceden al taller de teñido, donde hacen una serie de pruebas de color. Luego montan la tela en un bastidor, trazan el diseño y comienzan a tejer. “Es un proceso que tiene un tiempo lento, hay un ritmo bien propio de la técnica”, cuenta Matu. “Teñir ocupa una jornada completa, además la lana se tiene que secar a la sombra”.

En un comienzo trabajaban en un pequeño taller ubicado en el barrio Yungay, en Santiago, pero al poco tiempo la pareja decidió cambiarse a Pichilemu, un lugar más vinculado con la naturaleza, perfecto para desarrollar dos importantes proyectos: su familia y Malfatti. La creación de estos productos los ha conectado con el entorno desde la cadena productiva y los distintos oficios que se practican en el territorio, entre ellos la artesanía, el bordado y los textiles.

Además de tener stock disponible, los trabajos que realizan en Malfatti son a pedido, sin embargo, también han hecho varias producciones y colaboraciones con artistas como Catalina Conejo y Mono González. Con el último desarrollaron una pieza que hoy será parte del patrimonio nacional en el Palacio La Moneda.