La casa de la productora de modas Ignacia Herrera y sus tres hijas es dinámica y camaleónica. Aquí no hay reglas, sólo mujeres que la viven espontáneamente y que la transforman según su antojo y necesidad.

Esta es una casa de mujeres y luce y se vive como tal. La única excepción es Bruno, un perro con mucho carácter, pero inofensivo, según su dueña. Y es que más allá de su look femenino, lleno de flores, lámparas lindas, colores delicados y suave aroma, este lugar se comporta de acuerdo al estado de ánimo de sus dueñas y muta según sus necesidades. Aquí las estructuras no existen.

A la cabeza está Ignacia Herrera, destacada productora de moda, quien junto a sus tres hijas –Clara, Ema y Elena– la han transformado en un espacio dinámico, abierto a los amigos, a los juegos y a los disfraces (el tercer piso es un verdadero santuario del disfraz) y obviamente, a la moda. “No es fácil mantener esta casa ordenada, porque entre las cosas de las niñitas, y las de mi trabajo, el que me obliga a andar trasladando percheros y kilos de ropa, nunca nada está en su lugar”, comenta Ignacia.

Pero este desorden del que habla su dueña no es tan evidente, más bien es una casa llena de vida y muy entretenida, que se ha renovado varias veces en los últimos diez años. La última consistió en pintar las paredes del living comedor en un tono celeste grisáceo muy acogedor, que en contraste con el piso negro y blanco, las grandes plantas y los espejos de muro a muro, le dan un look bien particular.

Acostumbrada a las sesiones de fotos y las producciones, Ignacia comenta que por su trabajo está adiestrada para enmarcar los enfoques y que para ambientar su casa, siguió la misma regla: “Creo que cuando miramos las cosas a través de un concepto muy amplio, perdemos la perspectiva. Esta casa la hemos ido armando a través de encuadres pequeños, que no dejan pasar ningún detalle y que en conjunto se ven muy armónicos”.

Aunque no lo parezca, Ignacia admite que al decorar le cuesta arrancarse de su clásica paleta de colores, pero que impulsada por su amigo, el diseñador de interiores Bito Feris, ha logrado sobrepasar sus propios límites. “Así como en la moda, me gustan las casas espontáneas y sin reglas, los espacios desenfadados –me encanta esa palabra–, con mezclas de colores y texturas”.

Siempre en movimiento y con proyectos nuevos, Ignacia está por lanzar una tienda itinerante con tres etiquetas: una de ropa vintage de lujo, otra con marcas exclusivas pero de dos temporadas atrás y la última, una colección igual a la que tuvo por cinco años en su tienda Poupée. “Además de la nostalgia por el contacto con la gente, quería darle valor a todo lo que he aprendido y creo que esta fórmula, de ventas tres veces al año, es perfecta”.