Diseño

Harry Nuriev, diseñador del año en Maison&Objet: “El diseño ha estado demasiado concentrado en la belleza y la comodidad”

En un mundo saturado de objetos, el arquitecto ruso propone algo radical: no producir más, sino transformar lo que ya existe. Su método —al que llamó Transformism— ha tomado forma en proyectos que van desde un sofá hecho con excedentes de Balenciaga en Miami hasta un salón plateado que anuló jerarquías en París, consolidándolo como una de las voces más influyentes del diseño contemporáneo.

En el universo del ruso Harry Nuriev (41), nombrado Diseñador del Año 2026 por la prestigiosa feria parisina Maison&Objet, las prendas pueden dejar de ser ropa para convertirse en un sofá; una silla abandonar su condición utilitaria y mutar en escultura; y una habitación entera transformarse en manifiesto monocromo. Ese es el Transformism, concepto que el propio Nuriev acuñó a partir de una frustración personal muy concreta: la acumulación.

En conversación con ED, Nuriev lo resume así: “No necesitamos más objetos, necesitamos nuevos significados. Empecé a mirar lo que ya existe y a preguntarme cómo podía cambiar su función, su carga emocional, su estatus. Se trata de reprogramar la realidad en lugar de añadirle más capas”.

Por eso muchos de sus proyectos parten de materiales, espacios u objetos preexistentes. “Lo usado ya está vivo. Un objeto nuevo es silencioso. Uno usado habla: tiene cicatrices, tiempo, emoción. Me interesa continuar una historia, no empezar desde cero. La transformación es más potente cuando algo ya tiene pasado”.

El sofá de su infancia

Esa lógica encontró una de sus expresiones más visibles en 2019, cuando presentó en Design Miami un sofá confeccionado íntegramente con excedentes de Balenciaga. Sudaderas, parkas y prendas fuera de temporada fueron comprimidas, ensambladas y encapsuladas bajo una cubierta transparente hasta adquirir la silueta reconocible de un mueble doméstico. La pieza tenía una dimensión autobiográfica e íntima. La forma en “L” y el reposapiés fueron escogidos por los recuerdos que tiene de los sofás voluminosos de su infancia en la región rusa del Cáucaso durante los años noventa. Esos modelos, algo torpes y desproporcionados, fueron el primer paisaje doméstico que recuerda. Allí se sentaba con sus abuelos, en un mueble que le parecía enorme en proporción a su cuerpo. Con el tiempo, entendió que esas siluetas que muchos consideran anticuadas o incluso “feas” eran también parte de un banco de formas muy valioso. Por eso, Nuriev suele decir que su memoria es su mayor archivo creativo.

El sofá de Balenciaga fue el puntapié inicial de una visibilidad distinta en su carrera. La pieza no solo circuló por la feria, sino que fue ampliamente comentada por la prensa especializada, que la leyó como una crítica elegante al sistema de sobreproducción de la moda. Más que un mueble, el sofá se convirtió en declaración: una forma de evidenciar el exceso sin moralizarlo. La obra apareció, además, en un momento especialmente sensible para el sector. Tanto marcas de lujo como firmas de fast fashion enfrentaban cuestionamientos públicos sobre el stock no vendido; de hecho, empresas como H&M y Burberry habían sido duramente criticadas por quemar inventario sobrante. En ese contexto, Vogue señaló que resultaba “refrescante ver a un artista reinterpretar ropa sin usar —e incluso invendible según los estándares del retail— en un concepto distinto, específicamente el mobiliario doméstico”.

Experiencias, siempre

Formado como arquitecto en Moscú, su relación con el diseño siempre ha estado mediada por el espacio antes que por la pieza aislada. En 2014 fundó Crosby Studios, el laboratorio creativo desde el cual comenzó a desarrollar un lenguaje propio y a proyectarse internacionalmente. Desde entonces ha trabajado entre Moscú, Nueva York y París, moviéndose con naturalidad entre el interiorismo, el diseño de mobiliario, las instalaciones artísticas y las colaboraciones con casas de moda y marcas de lujo. Lo importante, para él, es no diluir su identidad. “No adapto el lenguaje, adapto el ritmo. El núcleo se mantiene: transformación, tensión, emoción. Sea moda o arquitectura, sigo intentando construir una sensación. La identidad no es un estilo; es una forma de pensar”.

Flower room: Montaje de Flover x Crosby Studios con descartes de plantas

Café en París x Crosby Studios

Insiste en que no le interesan los objetos como fin último. “Experiencias, siempre. Los objetos son solo detonantes. No creo en piezas aisladas; creo en atmósferas, en entornos que modifican cómo te sientes y cómo te comportas. Una silla, por sí sola, es solo una silla. En el contexto adecuado, se convierte en un relato”.

Esa mirada explica sus interiores monocromos radicales y sus espacios que parecen más escenarios que departamentos. No se trata de diseñar piezas icónicas, sino de construir ambientes capaces de alterar la percepción.

The Transformist Apartment x Crosby Studio

En uno de sus proyectos más personales, un estudio de 57 m² ubicado en la planta baja de un edificio en el centro histórico de Moscú, vuelve a aparecer lo autobiográfico. En este departamento, con salida a un pequeño patio interior arbolado, Nuriev configura un espacio dominado por el azul característico de Crosby Studios y por una fuerte presencia de baldosas con patrón Gzhel, el tradicional estilo ruso de pintura cerámica.

Departamento de Harry Nuriev en Moscú

Entre las piezas destacan sofás y taburetes que reinterpretan ese diseño nacional —que él mismo ha señalado como parte de su memoria de infancia— en clave contemporánea, además de una lámpara de araña fabricada con lápices BIC.

Salón plateado

Sofás de estilo napoleónico, mesa de centro, lámparas de pie, esculturas, arrimos, sillas y estanterías cargadas de objetos domésticos —botellas, cajas y piezas que podrían haber salido de la calle o de un trastero— componen el stand de Nuriev en la última edición de Maison&Objet, que se llevó a cabo en enero en el Parc des Expositions de Villepinte, a las afueras de París.

Lo que a primera vista parece un salón convencional está atravesado por una intervención radical. No hay productos destacados ni pedestales individuales como en un stand tradicional; todo se presenta como una escena única y continua. Pero lo decisivo es que cada elemento está cubierto por una capa plateada uniforme que borra color, textura y época. El suelo reflectante y la iluminación cenital acentúan la sensación de un entorno controlado, casi clínico. Al tratar por igual una escultura clásica y una botella anónima, la instalación elimina jerarquías y desplaza la atención hacia la forma y el volumen.

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En uno de los muros del stand, el manifiesto lo declara con claridad: “El transformismo es el acto de convertir algo en otra cosa, no borrando su origen, sino amplificando su esencia”. La escena funciona como traducción literal de esa idea: transformar sin añadir nada nuevo, alterar el contexto para modificar la lectura de lo que ya existe.

El rol del diseño

Maison&Objet no eligió a Nuriev por un mueble puntual ni por una vitrina espectacular, sino por la coherencia conceptual con el tema curatorial de la edición. El comité, que busca figuras cuya obra “encarne el espíritu de los tiempos”, destacó su capacidad de operar en la intersección entre arte y diseño, transformar lo existente en narrativa y reimaginar objetos saturados de significado. Su manifiesto Transformism resonó con el tema de la edición 2026 de la feria, Past Reveals Future, centrado en cómo el pasado informa el diseño del mañana. En palabras de Franck Millot, director de proyectos especiales de Maison&Objet, Nuriev fue reconocido por su sensibilidad para dar nuevo sentido a aquello que ya existe, posicionándolo como una de las voces más relevantes del diseño contemporáneo.

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Este reconocimiento llega, según Nuriev, como confirmación más que como meta. “Es una señal de que la dirección que he venido siguiendo —a veces de manera intuitiva— logra resonar en otros. Pero no es para acomodarse, sino para ir más lejos. Te da espacio para profundizar, no para conformarte”.

Cuando se le pregunta qué debería estar cuestionando el diseño hoy, su respuesta es seca: “El consumo, primero. Luego la permanencia. Después el sentido”. Y remata: “El diseño ha estado demasiado concentrado en la belleza y la comodidad. El rol del diseñador no es decorar el mundo, sino cambiar la manera en que vivimos en él”.

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