A 150 kilómetros de la ciudad de Oporto, en Portugal, se ubica esta viña y hotel boutique, que fue restaurado por el interiorista Pierre Yovanovitch y que no sólo cautiva a los amantes del vino.

La historia de la Quinta da Côrte es de esas que podrían inspirar un libro. Philippe Austruy –amante del vino y dueño de varias bodegas, entre ellas la Commanderie de Peyrassol en la Provenza Francesa y el Château Malescasse en Burdeos– recorría Valença do Douro, una de las zonas vitivinícolas más famosas de Portugal, cuando se encontró con la Quinta da Côrte, una propiedad de 24 hectáreas abandonada y a maltraer ubicada a dos horas de la ciudad de Oporto. Fue amor a primera vista.

A pesar de que las casas estaban en mal estado, los equipos no funcionaban bien y la viña no producía como debía, Austruy vio un potencial. Y, aunque se demoró más de un año en poder llegar a un acuerdo con la gran cantidad de herederos dueños del lugar, en 2013 finalmente lo compró.

Las viñas fueron lo primero de lo que se preocupó. Hoy, aquí, al igual que en sus primeros años, el trabajo se realiza con las técnicas del pasado para el cultivo y la producción de vino, es decir, con picos, hombres y mulas, y las viñas están plantadas en terrazas, de diferentes niveles; un paisaje increíble en una zona que ha sido nombrada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

La tarea de reconstruir los interiores y transformar lo que había en un hotel boutique y una bodega digna de los amantes del vino, fue la segunda etapa, y se la encargó al diseñador de interiores francés Pierre Yovanovitch. Ambos se conocieron años atrás, a través de un amigo en común, que los presentó porque Austruy necesitaba ayuda con La Patinoire Royale, una pista de patinaje que transformaron en galería de arte contemporáneo en Bruselas. “Inmediatamente hicimos click”, nos cuenta el diseñador desde París. Austruy le encargó no sólo ese proyecto, sino también su propia casa.

Cuando Yovanovitch vio la Quinta da Côrte reconoció en ella el mismo potencial que Austruy. La idea de ambos fue no tocar la estructura, cambiar todo, pero sin botar ninguna pared. Yovanovitch privilegió los materiales locales, como los azulejos artesanales, la piedra de esquisto, la madera, el parqué y el suelo de terracota.

“Para Philippe y para mí era importante garantizar que se conservara el carácter regional del hotel y que el resto de la propiedad reflejara la historia de la residencia y el área local. También fue una oportunidad para entender el proceso de elaboración del vino en un nivel profundo, que sirvió de inspiración para crear el edificio de bodegas, Chai”, dice.

El interiorista mantuvo la esencia de la casa principal, del siglo XIX, por dentro y por fuera, pero la reinterpretó en clave presente. Convirtió los espacios que existían en el terreno en una biblioteca, ocho piezas, un comedor y dos salas de estar y los llenó de antigüedades y muebles, la mayoría diseñados por él y realizados por artesanos portugueses y franceses. Con cada detalle buscó rendir homenaje a la cultura de la zona: las piezas tienen ropa de cama bordada, los baños están completamente forrados con azulejos artesanales portugueses y en las paredes se pueden ver muchas obras de arte.

Los colores utilizados en la fachada de la propiedad reflejan la paleta de la región. Quería asegurarme de que la combinación y los materiales utilizados en el espacio coincidieran con la tradición de la zona”, explica Yovanovitch.

Esa búsqueda por preservar la cultura portuguesa se ve, también, en la cocina-comedor, que mezcla azulejos locales con los de la artista Laura Carlin, y la colección de platos en la pared. La lámpara, un claro guiño a los viñedos y las bodegas, evoca un racimo de uvas y es una creación del artista Matteo Gonet.

Uno de los lugares favoritos del diseñador, además de la cocina con su gran chimenea, es la bodega, un edificio aparte que fue construido por Yovanovitch desde cero. En sus interiores se puede ver una arriesgada arquitectura, que incluye escaleras y arcos blancos de inspiración morisca, que invitan a contemplarlos. Además, la construcción cuenta con una sala de degustación y un espacio para eventos. 

Aunque el hotel recién fue inaugurado el año pasado, los vinos que producen sus campos fueron destacados por los expertos desde las primeras cosechas a cargo de Philippe Austruy y los visitantes del lugar no han dejado de alabarlo.

Finalmente, “el hotel es un destino para todos, ya sean entusiastas del vino o simplemente viajeros que deseen explorar la impresionante región del Duero, Portugal”, asegura Pierre. Los visitantes encontrarán aquí enoturismo de lujo y sus dueños aseguran que no se resistirán a dejar el lugar sin una botella en la maleta.  π