El fotógrafo chileno radicado en Nueva York, Ari Espay, se enamoró de Myanmar. Aunque sabía sólo diez palabras en birmano, logró conectarse con su gente y su cultura. Durante dos meses registró, junto a la fotógrafa Liza Politi, la vida cotidiana de este país del Sudeste Asiático y el resultado está recopilado en la exposición Mingalarbar Myanmar que primero estará en Milán y luego un mes en Roma.

Yangon, ex capital de Myanmar. 2016. 06:00 am. Con la cámara en la mano, Ari Espay se levanta al alba para recorrer el otro Myanmar, el que no sale en las postales ni en los recorridos turísticos. No tiene ni una sola foto de sus templos. En cambio, se pierde en sus caminos y cerros; sale a pastorear con los campesinos, se pasea por las estaciones de trenes, juega fútbol con los niños, y acompaña a los pescadores en el río Irrawaddy. Llega al hotel a las diez de la noche, y al día siguiente repite la misma rutina. Fueron dos meses en los que este fotógrafo chileno, radicado en Nueva York, registró a través de su lente el lado más profundo de este país del Sudeste Asiático. El viaje lo hizo junto a la fotógrafa, y también su novia, Liza Politi. El resultado del trabajo lo mostrarán en Italia. La exposición Mingalarbar Myanmar (Mingalarbar es la palabra con la que la gente se saluda allá) la exhibirán un día en Milán y un mes completo en la galería Spazio Ducrot, en Roma.

En marzo de este año asumió el poder del país Htin Kyaw, el primer presidente civil en 50 años. Por décadas, las juntas y gobiernos militares mantuvieron a Myanmar, o la ex Birmania, congelado en el pasado. Entrar al país y conocer su cultura, dice Ari, es como retroceder en el tiempo: “Es como una antigua Cuba, fueron colonizados por los ingleses. Entonces los edificios y la arquitectura es bien colonial, colores turquesa y rojos desgastados, murallas quebradas. Es todo muy bonito”. Así, fascinado con los momentos que logró capturar junto a Liza, Ari seleccionó entre 25 y 30 fotografías. La mayoría son de situaciones de calle y de la vida cotidiana; las otras son retratos. “Acá acabábamos de meter un gol”, dice riéndose mientras abre en el computador una de las fotos de la exposición.
Pero esta muestra es parte de un proyecto todavía más grande. No solo viajan a estos lugares (también han ido a Laos y Camboya) a hacer talleres con fotógrafos de todas partes del mundo. Con Liza, y a través de la fundación sin fines de lucro que ella formó hace doce años, Statement Arts, llevaron a una galería –Deitta Gallery, la única de fotografía en Myanmar– con la que se asociaron cerca de cuarenta cámaras para los jóvenes interesados en aprender fotografía.  Además ayudaron a esa misma galería a formar una biblioteca, para la cual recolectaron cerca de 250 libros. Y con la misma fundación ayudan a jóvenes de escasos recursos a entrar a la universidad en Nueva York.

De Myanmar en especial, a Ari lo capturó la gente y su amabilidad. Es parte de su método como profesional: comparte con las personas en la calle, así logra fotos íntimas y acceso a cosas que no todos tienen. Son las personas que no han estado tan expuestas a la imagen lo que más le atrae. “La gente me gustó mucho”, resalta. Influenciados por el budismo, el ritmo y estilo de vida es muy diferente: “La pobreza material sí es mucho mayor, pero espiritualmente están a años luz de lo que estamos nosotros”, cuenta. Y eso es justamente lo que busca retratar en su exposición.

Esta veta social ha sido fruto de un largo camino. En diez años Ari ha formado una trayectoria. Descubrió su amor por la fotografía después de estudiar dos carreras, Derecho e Ingeniería Comercial. Entró a la Escuela de Foto Arte en Santiago y se ganó una beca para hacer un curso de la National Geographic en México. Ahí conoció a Liza y juntos se fueron a Nueva York. Ha hecho de todo: campañas comerciales, retratos de grandes políticos, actores y directores de Broadway, trabajos editoriales con Architectural Digest, Vogue Latin America y con ED, entre otras publicaciones. Fue finalista del concurso Luces de América de National Geographic y ha publicado dos libros. También hace clases para la National Geographic y a alumnos particulares. Y así, la lista de logros  sigue casi infinitamente. Con el tiempo su trabajo se ha ido perfeccionando, y aunque dice que todavía le falta por recorrer, ahora sí está eligiendo sus proyectos con más cuidado. Dedica su tiempo a lo que más le gusta: la fotografía social y documental. “Estoy en una etapa en mi vida en que no me puedo quejar, estoy eligiendo lo que quiero hacer porque me llena”, dice. Por ejemplo, hizo una alianza con la fundación Debra NYC para fotografiar a niños con piel de cristal y está conversando con otra fundación para retratar a personas con enfermedades vasculares. Siempre habla en plural y cuenta que junto a Liza están asociados con la agencia de fotoperiodismo Vii, con la que están haciendo talleres de fotografía y charlas. Esta agencia se dedicó a documentar la crisis migratoria en Europa. Son esos proyectos los que más le gustan, los que revelan condiciones sociales. Los que están cerca de la gente.
Mingalarbar Myanmar, Spazio Ducrot, Roma.
Productoras: Serena Lelli y Fiorella Baldisserri.
Desde el 5 de mayo hasta el 5 de junio.
Agradecimientos a Viaggi dell’Elefante y Frigerio Viaggi.
www.ariespayphotography.com