Pura intuición

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Editorial

Este mes celebramos el Día de la Madre, y como siempre esta edición la hacemos pensando más en las mujeres. La maternidad es un tema que me toca de cerca en estos días, tengo una guagua de tres meses, y agradezco haber vuelto a la oficina porque con la chochera no cuesta nada ponerse un poquito monotemática con el tema de la papa, el sueño, la nana, etc. Personalmente lo que más me preocupa cuando tengo hijos es el tema del apego. No sé criar si no es en brazos, aunque eso implique no poder hacer prácticamente nada más. No me resulta de otra forma, no me gusta que la guagua llore, estoy tranquila si la tengo encima y los nuevos estudios afirman que hasta los seis meses el apego es lejos lo mejor que se puede hacer por un niño. Al revés de lo que se podría pensar, una guagua que estuvo mucho en brazos después tendrá mayor confianza para despegarse de uno y ser más independiente. Antes en cambio se decía que no había que acostumbrar a las guaguas a los brazos…

Con el ítem del apego en la cabeza, pensé que no sólo la medida de apego que se le da a los hijos ha ido cambiando con el tiempo; el apego a las cosas materiales también es algo generacional. Se dice que en la modernidad hay más materialismo, que Chile pasó de ser un país ultrasencillo a uno más consumista; todo eso es verdad, pero con las nuevas tecnologías y la facilidad con que se cambian las cosas, ya nadie en el mundo le tiene mucho apego a nada.

Pienso en mi mamá y cómo cuida el sofá de terciopelo del living, el mismo que tiene desde que tengo memoria, las mesas laterales de madera relucientes sin una raya aunque tienen años… Hace poco estuvo decorando su departamento en la playa y me pidió que la ayudara, pero eran tales los nervios para elegir cada cosa, que no creo que haya disfrutado de lo entretenido que es armar una casa. Todo lo compraba pensando en que sería para toda la vida, aunque en realidad ya es segunda vez que decora el mismo lugar. Si no te gusta después lo cambias, le decía yo, que estoy casada con un arquitecto y que vivo en una casa donde todo se está moviendo, retapizando, etc. Creo tener muy poco apego con las cosas; me tocó armar mi primera casa en una época en que ya todo es desechable, el refrigerador dura determinado número de años y si se descompone se cambia, uno ni piensa en arreglarlo; los muebles cansan y pasan de moda, los tapices no duran mucho tampoco, etc. Creo que todo esto influye en la decoración de las casas de hoy, en cómo se piensan, en cómo se ven y en cómo se usan también.

Es importante tenerle apego a ciertas cosas, esas que tienen historia, que nos ayudan a recordar y que posiblemente le dejaremos a nuestros hijos, pero creo que el estar consciente de que las cosas materiales son pasajeras, que van y vienen, también les da el justo valor y ayuda a soltarse más, a tomar decisiones sin tanto susto, a atreverse y renovarse acorde a otras variables, como la edad y la etapa de la vida en que uno se encuentre.

Magdalena Bock, Directora
magdalenabock@ed.cl